Oreja de Judas, falsa colmenilla, Amanita phalloides, hongos que crecen en la sombra del bosque, devoren mi cadáver, devoren todo lo que queda de él.
Devoren mis poemas, mis páginas, mi tiempo y mi aprendizaje, mi piel, mis órganos, mi sangre y mi corazón,
y con ellos, mi amor por él
Sacien su insaciable apetito, como bestias voraces que devoran los anhelos y sueños que inventé.
Aunque dudo que consigan algo, ya que de mi solo queda un espectro errante, un alma desgarrada que yace en pedazos, un eco lúgubre de las ilusiones que un día soñé.
Que la devastación de mi existencia les sea suficiente, mientras una herida añeja sangra en silencio.
Una tinta carmesí usada para escribir a puño y letra baladas de amor y de tristeza
Que la falsa belleza del deseo que cree de una vez desaparezca, junto con aquella estrella fugaz en el cielo, que brilla con fuerza y te hace desear con toda tu alma.
Estrella que escapa como una burla del viento, una burla cruel y persistente como el vacío.
Porque a veces, siento que me ahogo respirando aire.
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