Veo tu espalda irse. Me deja atrás, y siento que ya sólo veo tu espalda. Te transformaste en un ente sin ojos ni boca. Te transformaste en una espalda que me deja atrás.
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"A ver, mirame". Me agarrás la cara y obligás a mis ojos a mirar los tuyos. Me das un beso. Esa noche me vas a dar tantos de esos. Me vas a besar en el medio del salón. Me vas a besar mientras nos quedamos solos aunque estemos rodeados de gente. Me vas a llenar de besos la cara, las manos, el pelo. Te vas a reir antes de darme un beso, me vas a cantar una canción al oído, vas a maldecir al aire la letra que nos condena. A ver, mirame. Lo vas a decir cada vez que te corra la mirada, cada vez que mire a otro lado, que me aleje un paso de vos porque el calor se pone sofocante. A ver, mirame. Me vas a agarrar tanto de la cintura que tus manos van a quedar marcadas, ¿hasta cuando? ¿cuanto más voy a llevar marcadas esas manos en la piel?. Vamos a bailar pegados, demasiado pegados para el calor, porque no importa quien nos vea, aunque nadie deba vernos, porque nadie puede vernos. Porque vos y yo no estamos ahí, estamos en otro lado. Estamos en la línea H, estamos en una calle cortada, en la puerta de una escuela, en la esquina de mi casa. Me vas a pedir que te mire, me vas a agarrar la cara, te voy a acariciar el pelo, me voy a colgar de tu nuca como sólo puede hacer una cuando quiere, y un tiempo después, te vas a ir.
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Veo tu espalda irse. Me deja atrás, y siento que ya sólo veo tu espalda. Te transformaste en un ente sin ojos ni boca. Te transformaste en una espalda que me deja atrás.
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