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El arte de intentar odiarte.

Alou

Jan 17, 2026

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El arte de intentar odiarte.
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Y con lágrimas en los ojos, un nudo en la garganta y pinchazos en el corazón, lo entendí. Mi cuerpo lo entendió. Al final terminó. Algo que parecía interminable, inolvidable e imposible, llegó a su fin.

Me di cuenta, o tal vez aún no. Mi cabeza dice una cosa, pero mi corazón susurra otra. Mi cabeza asegura que es una broma, grita en lo más profundo que es mentira. Dice que no puedes ser tú, que tú jamás hablarías así, que jamás me dirías esas palabras porque sabes que hieren. Pero me di cuenta de que sí lo hiciste. Fueron tus palabras las que me llamaron egoísta, las que usaron términos impronunciables. Mi cabeza insiste en que no, que nunca me lastimarías, ni en el sueño más profundo ni en lo más hondo del inconsciente. O al menos, eso dijo mi cabeza.

Mi corazón, por otro lado, está apagado. No habla fuerte, no respira acelerado; al menos no ahora. Mi corazón susurra que es verdad. Él tiene razón, pero lo dice tan despacio, tan débil y roto, que la cabeza no lo escucha, no lo siente, no lo entiende. Susurra en sus adentros que te odia, aunque mi cabeza y yo sabemos que no es cierto; él jamás podría odiarte.

Mi corazón, inundado de tu nostalgia, te dio su confianza, su amabilidad, su cariño. Te entregó su alma de rodillas; si se lo pedías, bajaba la luna y las estrellas con tal de no lastimarte. Hoy está demasiado herido, demasiado callado. Al principio solo gritó. Nunca lo escuché gritar tan fuerte, tan alto. Fue un grito de angustia, de nostalgia, el sonido de algo que se rompe porque ya no tiene por quién latir. Gritó por minutos, o tal vez horas, mi cabeza ya no lo recuerda.

Eran gritos de preguntas sin respuestas.

Eras mi persona, pero yo jamás fui la tuya.

Eras mi estrella, pero mentías cuando decías que yo era tu sol.

Eras mi alma gemela, pero yo no soy la tuya.

Eras mi refugio, pero nunca fui el tuyo.

Mi corazón sigue en llanto silencioso, mientras mi cabeza, ingenua, intenta convencerlo de que es una broma. Pero él no entiende. No entiende que no podemos obligar a nadie a quedarse. No logra procesar cómo una versión de ti consumió gran parte de su vida, y ahora estás frente a él como un extraño.

Saber que jamás volverás a ver a alguien, a escucharlo, a contarle tu día o a buscarlo cuando estás emocionada, debe ser lo más difícil que una persona puede experimentar. Saber que no hay remedio, que no queda nada más que llorar, rogar y patalear, y que ni aun así vendrás otra vez, es suficiente para llevar a alguien al borde del abismo.

En un rincón oscuro de mi cabeza, donde los recuerdos no se desvanecen, tengo que odiarte. Pero la nostalgia no me deja; tu sombra, constante, me acecha.

Cada palabra que dijiste, cada sonrisa que ofreciste, se queda grabada en mi ser, como un eco que no deja de volver.

Intento escapar de tu recuerdo,dejar atrás el amor que fue sincero, pero la nostalgia, tan cruel y severa, me retiene en un sueño que no se altera.Las noches son largas, llenas de fantasmas,de momentos felices que el tiempo aplasta.

Quiero odiarte con toda mi alma, pero la nostalgia me roba la calma.

Así, en esta lucha sin fin, entre el odio y el amor que aún siento por ti, tengo que odiarte, pero la nostalgia no me deja,

y en mi corazón, tu nombre aún resuena.

Me enseñaste que estar en casa no significa estar bajo un techo. Pero no me enseñaste que hacer cuando la casa ya no esta.

Alou

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