Caminando por el pasillo de mi mente y el silencio de mis ideas,
me encuentro a un joven, al parecer triste,
con un semblante de decepción.
Con una delicada voz, y mirándome a los ojos como si me conociera, me pregunta:
“¿Qué buscas aquí?
¿Quieres revivir lo que un día enterraste?
¿O quizás extrañas de nuevo bailar con la ansiedad?
Dime, ¿qué rebuscas en tu mente?”
Lo miro sin reconocerlo,
pero tampoco puedo negarlo.
“No busco nada”, le digo,
aunque sé que miento con cada palabra.
Él sonríe con una tristeza tan vieja como mis temores,
y señala las grietas que aún cargo por dentro.
“Si no buscas nada, ¿por qué vuelves?
Nadie regresa a un lugar que ya sanó.”
Respiro hondo, intentando sostener mi presente,
pero su sombra atraviesa mi voz.
“Quizás vine a despedirme”, confieso,
aunque mis manos tiemblan como antes.
Él se levanta y camina hacia la oscuridad del pasillo,
su figura se deshace como un recuerdo que se niega a morir.
“ No puedes despedirte de lo que aún llevas contigo”, murmura.
Y yo me quedo ahí, sin saber si lo perdí… o si volvió.
Elian Tenorio
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión