No sé en qué momento dejaste de estar…
Quizá fue un adiós disfrazado de “volveré pronto”. Quizá nunca pensaste realmente en volver.
Yo, incrédulamente, me quedé en el limbo, esperando una señal, cualquier cosa que rompiera el silencio.
Hubo días en que la vida siguió como si nada: trabajo, logros, conversaciones sin peso, rutinas que llenaban las horas.
Pero también hubo rachas que me destrozaban, noches donde el aire se hacía tan denso que parecía ahogarme, tardes en que el recuerdo de tu partida se sentía como una mano cerrándose alrededor de mi pecho.
Y no entendía… no entendía por qué me dolía tanto algo que nunca fue del todo mío.
Te idealicé.
Te construí con fragmentos de tu voz, tu mirada, lo que proyectabas.
Incluso el olor… tu olor. Podría reconocerlo con los ojos vendados, por eso me deshice de la ropa que aún lo guardaba. Cada vez que lo sentía, una punzada helada atravesaba mi corazón.
Ese año fue un desgaste lento.
Me llené de trabajo para no pensarte, hasta el agotamiento físico y mental.
Tanto, que un día quise soltarlo todo: hábitos, rutinas, amistades, familia.
Tomé mis cosas y me fui a otra ciudad, una que siempre me había despertado un amor-odio imposible de explicar.
Allí comencé de nuevo.
Trabajo nuevo, caras nuevas, caminos que no conocía. Me di vacaciones, me regalé tiempo, me prometí que aprendería a no necesitarte. Y por un momento creí que lo lograba.
Pero entonces…
Regresaste.
Un simple “Hola” y todo lo que había intentado sepultar empezó a removerse.
Al principio no respondí, pero algo, una señal que no sé de dónde vino, me pidió que escuchara lo que tenías que decir.
Y lo hice.
De vuelta de mi viaje, nos encontramos otra vez.
Sin máscaras, sin excusas, hablando de lo que pasó, de lo que sentimos, de lo que pensamos todo ese tiempo. Y fue… natural. Como si el universo se hubiera tomado demasiado tiempo para sincronizarnos.
Por fin, algo de paz.
Pero, en el fondo, no podía olvidar que no me escogiste a la primera.
Te quería… pero algo en mí, algo que antes te pertenecía, ya no era igual.
- D. Duality -
Carta II a ti
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