En la penumbra de tus ojos
un altar de carne se alza,
sacrificio de pasión,
donde el deseo devora el alma.
Como una plegaria insana,
mi lengua recorre tu piel
en un rito de comunión,
caníbal de tu ser.
Devoro tus pensamientos,
tu aliento se convierte en mi credo,
mientras la noche murmura
secretos de un amor sangriento.
Es en el banquete de tu cuerpo
donde encuentro la redención,
cada bocado, un suspiro,
cada beso, una oblación.
En este templo de sombras,
donde la piel se confunde con el alma,
nuestra devoción es un fuego
que arde más allá del cielo y el infierno.
Y así, en la danza macabra
de nuestros cuerpos entrelazados,
el amor se torna voraz,
y la fe, un hambre insaciable.
Somos ángeles caídos,
consumidos en el altar del deseo,
donde el amor se vuelve canibalismo,
y la devoción, un éxtasis eterno.
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