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El abandono del cuerpo-farsa.

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Mi devoción nace de la náusea. De este aborrecimiento visceral que me sube por las arterias y se deposita en la piel, como un óxido moral. No es un rito; es la digestión de mi propia carne por amor. Entonces, me devoro a mí mismo para no tener nada más que darte.

Yo me consumo para que tú seas una certeza en mi niebla oscura. Yo me niego para que la tuya sea la única palabra audible, porque hablar de amor es mentir sucio. Solo el silencio viscoso que se acumula bajo mi lengua es fiel a la verdad de esta devoción.

(Suelta la máscara)

¿Cuánto puedo amar? Quizá hasta convertirme en la vianda necesaria, en el alimento crudo que te permite ser, porque mi amor es hambre. Entonces, te miro y lo único que concibo es la máxima intimidad: la disolución de mis límites en tu vientre caliente.

Quiero ser deglutido por ti. Que mastiques la memoria de mi nombre, que tragues el hueso de mi voluntad inútil. Te amo desde el gozo de ver mi propio cuerpo y mi propia historia reduciéndose a ceniza en el contacto contigo, porque mi ofrenda no es mi vida; es la voluntad de no-ser-de-mí, de convertirme en arteria y abrirme ante ti para derramarme con un gesto lento y consciente. Por eso mi amor es superior: es el tajo auto-infligido en este altar de carne podrida.

Antes de partir, te vomito una última vez sobre este papel para que la asfixia no sea solo mía. Te doy mi forma, mi nombre y mi posibilidad de silencio, porque amo la forma en que tu presencia me desintegra.

Esta piel —la que te ofrecí, la que te entrego— es una prisión de peor calidad, porque ya no tengo entrañas, solo un hueco en mi pecho que respira tu aire.

Te entrego mi nada, porque era lo único que me quedaba para dejarte.

泉锐 𝕬𝖘𝖙𝖆𝖗𝖎𝖊𝖑

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