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ejercicio 1 - observación

ana

Oct 2, 2025

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ejercicio 1 - observación
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El día cae pesado sobre el centro de Buenos Aires y las calles silenciosas hacen resaltar a los árboles adolescentes. Los abrigos se desvanecen en las manos de la gente y, después de meses, brazos, piernas y rostros vuelven a mostrarse.

En la vereda curva de un café, un chico y una chica comparten un desayuno tardío. Él conversa como si algo estuviera a punto de escapársele de las manos; ella juega con su comida, fija la mirada en el café, como si de esa concentración dependiera que todo a su alrededor no se desmoronara.

Detrás de él se extiende un arbusto contenido y colores brillantes nacen de  unas macetas pequeñas. Del lado de ella, la calle luce descuidada y sombría,  como si septiembre todavía no hubiera llegado.

Hace calor, voy a refrescarme, dice ella.

Él asiente, a media oración.

Pasan unos minutos y en el plato de ella empiezan a revolotear mosquitas. Él toma su café, ya frío y escaso. Se acomoda en la silla y, mirando hacia adelante, descubre una sombra que antes no estaba allí. La sombra lo remite al día en que la conoció. Mar del Plata dormía la siesta y él, con restos de alcohol en su boca, no para de buscar por la playa rocosa a la chica que conoció la noche anterior. La arena le molestaba en los ojos y el mar rugía desesperado y urgente. Una melodía extraña salía del único balneario que había. Él no sabía qué hora era, si esos ojos color caramelo que lo habían visto hace unas horas estaban devuelta en su hogar o si el agua la había tragado para volver a escupirla donde estuviese él. 

Grupos de gente se asomaban cada tanto. El sol no pegaba ni un poco y el cansancio que supuraba lo empujaba a volverse vencido. Con las manos restregando su cara y los pies entumecidos se da vuelta y comienza a caminar  en contra del viento. Los minutos siguen pasando. El verano se hace presente con los jóvenes gritando a su alrededor. Como un inconfundible susurró escuchó su nombre, a lo lejos. 

Las palabras que había guardado se le secan en la boca al mismo tiempo que las mesas vacías empiezan a ocuparse.

Cuando la tarde se inclina, él sigue en la misma silla, esperando. 

El lugar cierra y la sombra desaparece por completo. 

ana

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