Luna siempre bailaba durante sus horas de trabajo,
así movía al mar, también soplaba un poco al viento y hacía girar a cualquier humano que la mirara.
Cuando llegaba el cambio de turno, tenía que ceder su paso al sol.
Pero Luna quería demostrar que ella brillaba más que este, que ella era más importante.
Así que cuando llegaba el cambio, Luna bailaba más rápido, con más fuerza y ganas hasta que quedaba totalmente agotada.
Día tras día, Sol se ponía cada vez más triste porque no quería competir con Luna, solo tenía ganas de ser su amigo y que ambos pudieran brillar.
Entonces Sol le dijo “Luna yo quiero que seamos amigos, no quiero sacarte tu trabajo, ni que bailes hasta agotarte solo porque llego yo. Somos compatibles, somos compañeros. Espero que algún día puedas entender y ser mi amiga."
Luna, un poco ofendida, le cedió su lugar y se fue corriendo hacia la otra parte del mundo para continuar bailando.
Por unos cambios más, Luna no le dirigía la palabra, no le hablaba.Cuando el Sol llegaba, Luna se marchaba. Así, sin más.
Luna se empezó a acostumbrar a no tener que competir, a bailar solo cuando ella quisiera y a brillar solo cuando su corazón la guiara. Se dio cuenta que cada día era más feliz.
Se dio cuenta que Sol tenía razón. No podía hacer todo el trabajo sola. Necesitaba de Sol para iluminar a los humanos. Ambos eran apreciados, ambos embellecían la vida y la naturaleza. Los 2 eran importantes.
Entonces, Luna ideó un plan. Fue con el Universo y le pidió que la próxima vez que ella se cruzará con Sol, ponga música para que pudieran bailar al mismo tiempo.
Al universo le encantó esta idea y se pusieron a buscar qué canción era la más adecuada.
En el próximo encuentro, Sol llegó y se sorprendió al ver a Luna quieta, con su brillo habitual, pero no se movía solo lo miraba con una sonrisa.
Sol se fue acercando, con paso temeroso y lento, hasta que empezó a sonar la melodía universal y vió como Luna le extendía la mano para bailar.
Primero dieron unos pasos torpes y se rieron. Luego, Luna lo hizo girar y le pidió perdón.
“Yo también quiero ser tu amiga. Ambos podemos brillar, jugar y bailar a la vez. Somos brillantes, juntos o separados. Somos compatibles. Somos compañeros. Gracias por mostrarme que no tenemos por qué competir.”
Finalmente, se abrazaron y bailaron por largo rato, hasta que escucharon un bullicio desde abajo. Miraron y eran los humanos, incrédulos ante esta situación. Nunca antes habían visto que una luna abrace a un sol.
Lo que ellos vieron lo llamaron eclipse, porque veían un poco de sol y otro tanto de luna. Pero en realidad, nadie tapaba a nadie. La palabra eclipse no tenía lugar en esta situación.
Era más bien un fenómeno bailarín donde Sol y Luna podían brillar extraordinariamente juntos.
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