Que duela, decís,
pero en silencio.
Aunque la herida esté infectada
y solo tu saliva pueda aliviarla,
que no gima ni haga caras,
porque no sé lo mucho que te afecta saberlo
y tengo que cuidarte - de mí,
del dolor que yo misma nos causé,
en tiempo pasado
pero con castigo sólido en el presente.
Y quién te dice,
probablemente la sentencia se extienda al futuro.
Que sos mi víctima,
en resumidas cuentas,
sin embargo, yo nunca podría verte como a una.
No me gustan, me causan rechazo
y yo por vos solo siento anhelo.
Así como cuando vos dabas pasos en falso
y yo te decía que ese error puntual no te definía,
a mí no me define, quiero pensar, haberte fallado.
Me define la forma en la que acepto tus golpes,
en la que fui paciente con la intermitencia de tu amor
y el cómo sigo extendiendo la mano por si te dan ganas de agarrarla.
Quizá mi tolerancia al dolor es más alta
o simplemente soy tan cínica como planteás cada vez que digo que me duele,
pero me cuesta vivir en un mundo donde un error me aleja de todo lo que deseé construir
sólo porque no somos capaces de sentarnos a hablarlo para empezar a sanarlo.
¿Cuándo te vas a dar cuenta que el tiempo es indiferente a esta herida,
que da igual cuánto pase o pongas en el medio,
nos va a seguir doliendo?
Que yo solo pienso en mí, decís,
sin embargo, sigue siendo todo a tu manera y en tus tiempos,
te apropiaste hasta del derecho de sentir dolor.

Florencia Velázquez
Escribo como evidencia de que aún estoy viva. El libro está en proceso, lo actualizo cada vez que me inspiro.
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