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¿Qué es un dron?

Un dron es un vehículo aéreo no tripulado que puede ser controlado a distancia o volar de forma autónoma, utilizando sistemas preprogramados o sensores. Aunque generalmente se asocia con diseños pequeños, los drones pueden variar en tamaño, y algunos modelos hasta pueden transportar paquetes o personas.

Se utilizan en una amplia variedad de aplicaciones, como la fotografía aérea, la entrega de paquetes, monitoreo, uso bélico, agricultura y más.

En resumen, un dron es cualquier tipo de aeronave que no requiere de un piloto a bordo y puede ser operada remotamente.

¿Por qué relativizar el término para aplicarlo a las ciencias sociales?

En este ejercicio de interpretación paradigmática de la realidad, los drones se convierten en una metáfora de las personas que han delegado el control de sus propias vidas a algo o alguien más, ya sea de manera voluntaria o involuntaria, consciente o inconsciente. Un dron, en este sentido, representa la tercerización de la subjetividad: el proceso por el cual los individuos externalizan la capacidad de generar sentido por sí mismos, evitando la responsabilidad de construir su propio sistema de creencias y limitándose a consumir aquellos marcos de referencia que la sociedad impone o que están de moda.

¿Qué es la tercerización de la subjetividad en este paradigma?

La tercerización de la subjetividad es un proceso en auge hoy en día, que es al mismo tiempo extremadamente fácil de llevar a cabo y complicado de explicar. Consiste en renunciar a crear nuestro propio sentido y nuestras propias conclusiones, delegando nuestros pensamientos y sentimientos a agentes o causas externas sin cuestionarlas y usarlas como escudo para justificar nuestras acciones. Es un mecanismo en el cual los sujetos "ahorran" procesos cognitivos de creación identitaria o de sentido mediante la aceptación pasiva del sentido impuesto por la clase o discurso dominante, pero pierden autonomía y singularidad.

La tercerización en el emprendedurismo es un recurso que puede ayudar a los pequeños productores o comerciantes a llevar a cabo la concreción de su plan de negocios sin grandes inversiones ni la obligatoriedad de tener sistemas, flotas, profesionales específicos en su nómina.

Un ejemplo sencillo: una persona realiza artesanías y las vende ocasionalmente en la feria del barrio los fines de semana. Al publicar las fotos en redes sociales, personas de otros lugares se ven interesadas en sus artesanías pero el artesano no tiene los medios para distribuir el producto a distintas partes de la provincia o el país. El paso lógico es abrir una tienda online en una página de venta y utilizar el sistema de envíos de la misma para poder llevar su producto a donde sea que sus clientes lo requieran. De esta manera, el artesano puede limitarse únicamente a realizar sus artesanías y despreocuparse por la logística ya que alguien más lo hará por él.

Si lo aplicamos al contexto social, la tercerización de la subjetividad opera de forma similar: constituye un proceso de externalización de la responsabilidad y del sentido crítico en el cual la identidad de los sujetos se construye mediante material externo que puede ser moldeado y manipulado según intereses externos.

En el ejemplo, la tercerización se traduce en ahorro de tiempo y dinero para que el productor realice acciones limitadas y se despreocupe del resto de procesos; en la tercerización de la subjetividad, el sujeto se ahorra el trabajo de construir sentido por su cuenta, limitandose meramente a acciones performativas, instrumentales o de consumo pasivo.

Si una persona se ve respaldada en un sistema de creencias, ya no tiene que preocuparse por desarrollar su propio punto de vista ni generar sentido por su cuenta. El aspecto más seductor de este fenómeno es que también permite que los sujetos se despreocupen de la responsabilidad de sus dichos o acciones. ¿Para qué pensar si el sistema les sirve en bandeja todo lo que necesitan saber? ¿Por qué hacerse cargo de sus acciones, si el colectivo las alienta y justifica?

Este fenómeno no se trata solamente de adherir a una idea superior o de militar un movimiento específico; es mucho más radical. Se trata de usar la dependencia externa como una muleta existencial. Es decir, ante la falta de recursos para afrontar la vida de manera propia y genuina, el sujeto termina adoptando los valores dominantes del tramado sociocultural sin cuestionarlos.

Esto es peligroso no solo porque evita la carga cognitiva de tener que crear sentido por cuenta propia, sino porque también se usa para justificar cualquier agravio, odio o barbarie, escudándose en un sistema que aparentemente lo respalda. Porque en la masividad de los sistemas de creencias, la responsabilidad individual se diluye.

Lo vemos todos los días: personas que justifican un genocidio, celebraciones por la pobreza de un sector vulnerable, o la impunidad de una celebridad abusadora protegida por su vasto número de seguidores. La colectividad, en estas situaciones, se convierte en una máscara para el accionar sin conciencia.

En el contexto actual, esta tercerización de la subjetividad adopta diversas formas, tales como:

El pensamiento mágico, que sustituye el razonamiento crítico. Aclaración: no todo pensamiento mágico es dañino, lo contextualizo a sociedades o épocas en las que se utiliza como herramienta de control de la población. Éste sistema muchas veces logra subyugar a las personas para que toleren o justifiquen cualquier cosa sin cuestionarlo, bajo la idea de que "pasa por algo", o se hace "en nombre de una deidad", etc y ha llevado a poblaciones a la idea de que el sufrimiento ocasionado está justificado porque traerá una dicha próxima (aunque esto nunca vaya a suceder).

El supremacismo, que refuerza la idea de superioridad y la división entre grupos sociales. Bajo este sistema de creencia se han cometido crímenes atroces y las más grandes vilezas. La gran mayoría de sus adeptos nunca se arrepienten porque están convencidos de que hacen lo correcto y tampoco se ven responsables ya que los demás seres son inferiores y merecen lo que les ocurre.

La polarización político-social, que fragmenta las sociedades y disocia a las personas de sus valores comunes. Ésta es una de las plagas de nuestra era. La gente es capaz de ver a su vecino sufrir y no hacer nada (y hasta celebrarlo) por el simple hecho de que es "del bando contrario". Es la semilla de las guerras civiles.

El extremismo, que apela a emociones viscerales en lugar de la reflexión profunda. Cuando no pensar es más facil, matar moscas con cañones parece una idea excelente.

El "sentido común" en comillas, porque es cuestionable, con frecuencia se convierte en un conjunto de ideas no cuestionadas, repetidas hasta la saciedad. El problema principal con el sentido común es que hoy en día no es confiable por el mero hecho de que puede ser moldeado y manipulado por el bombardeo discursivo o técnicas como la aguja hipodérmica. La manipulación del discurso en los medios o redes sociales puede distorsionar el sentido común y llevar a que este se convierta en un producto manipulado.

El reaccionismo, que se orienta hacia la resistencia al cambio y a la reversión de las reformas o avances. Otra de las formas más comunes de tercerización de la subjetividad. Bajo la idea de que todo pasado fue mejor y que todo lo nuevo es malo, se destruyen avances en materia de derechos, se desconocen luchas y problemáticas válidas. ¿La solución que presentan? cerrar, censurar, intervenir, desregular. ¿Para qué pensar en desarrollar ideas nuevas si el pasado es cómodo y da menos miedo?

El performismo, una forma de vivir para el espectáculo y la validación social más que para el crecimiento interior. Por lo general, se solía abordar un hecho una vez que ocurría. Sin embargo hoy, los hechos se crean para poder abordarlos mediáticamente. Las redes sociales y su inmediatez son la clave de este fenómeno. En este tipo de tercerización de la subjetividad, los sujetos crean su identidad en base a las narrativas que están en auge; derivando así en identidades líquidas, amorfas, efímeras y vacías. Esto tiene un serio efecto en la salud mental de las personas ya que puede provocar depresión por comparación, despersonalización, relaciones parasociales y hasta accidentes, ya que en numerosas ocasiones personas han salido heridas o incluso han perdido la vida por replicar un challenge para tener relevancia o ser viral. Queda poco espacio para el desarrollo de las personas entre tantos personajes.

En este contexto, un dron es alguien que ha cedido su autonomía para ser controlado desde fuera, participando en un sistema donde la capacidad de reflexión personal se ha reemplazado por un consumo constante de discursos ajenos, simplificados y manipulados. El dron social es, por lo tanto, una figura paradigmática de nuestra época: un sujeto desconectado de su propia subjetividad, incapaz de volar por sí mismo, navegando por la vida en piloto automático.

El suicidio filosófico: renunciar a la creación de sentido

Cuando una persona se encuentra cara a cara con el hecho de que la vida no tiene un sentido intrínseco o un destino prefabricado tiene dos opciones: darle a la vida su propio sentido mediante experimentación o buscar algo que reemplace ese vacío. Este fenómeno puede ser interpretado como lo que Camus describiría como un suicidio filosófico. No se refiere únicamente al acto físico de terminar con la propia vida, sino a un acto de rendición ante el absurdo de la existencia, mediante la búsqueda de refugio en creencias preconfiguradas que nos impiden enfrentar la vida tal como es.

La tercerización de la subjetividad que describo en la figura del dron es, precisamente, un suicidio filosófico en acción. Al renunciar a la creación de su propio sentido, el sujeto moderno se convierte en una marioneta existencial, sobrevolando la vida sin un rumbo propio, guiado por fuerzas externas o por el consumo de discursos regurgitados que reemplazan su capacidad para hacerse cargo de sus acciones. De este modo, se reemplaza la capacidad de reflexión autónoma por una aceptación pasiva de narrativas dominantes, muchas veces moldeadas por intereses de la clase hegemónica dirigente o por las dinámicas de poder globales.

Pablo Bernabé Céspedes

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