mobile isologo
buscar...

Dos décadas

FLF

Abr 6, 2026

12
Dos décadas
Empieza a escribir gratis en quaderno

No sé en qué momento exacto empecé a reconocerme en los demás, ni cuándo dejó de sorprenderme esa sensación extraña de ver, en gestos ajenos, algo que ya había sentido antes, pero ocurrió, y desde entonces ya no puedo mirar a las personas sin notar esas pequeñas fracturas que intentan ocultar, esas formas sutiles de sostenerse que, si no las has vivido, parecen normales, pero cuando sí, cuando las conoces desde dentro, resultan imposibles de ignorar.

No es algo que me guste, tampoco es algo que haya buscado, pero hay una especie de claridad que viene con haber pasado por ciertas cosas, una claridad incómoda, porque no embellece nada, no suaviza, simplemente muestra, y lo que muestra casi nunca es alentador; más bien es una repetición constante, un patrón que se disfraza con historias distintas pero que en el fondo siempre apunta al mismo lugar: personas tratando de sostenerse con lo que tienen, aun cuando saben que no es suficiente.

Supongo que por eso dejé de creer en la idea de que alguien realmente se repara por completo, no lo digo desde el pesimismo, lo digo desde la observación, desde haber visto cómo incluso aquellos que parecen estar bien siguen cargando algo que no desaparece, algo que simplemente se vuelve más silencioso, más manejable quizá, pero no inexistente, y aceptar eso cambia la forma en que uno se mira a sí mismo, porque entonces ya no estás esperando convertirte en una versión intacta, estás aprendiendo a vivir con lo que quedó.

En mi caso, lo que quedó no es precisamente algo fácil de llevar, sigo sintiendo demasiado, sigo procesando más de lo que sería conveniente, sigo notando cosas que preferiría no notar, pero también es cierto que ya no me pierdo de la misma manera, hay una diferencia, pequeña, pero suficiente como para sostenerme, una especie de pausa que antes no existía, un momento en el que puedo reconocer lo que me está pasando antes de dejar que me arrastre por completo.

No es que haya dejado de doler, eso sería mentir, el dolor sigue ahí, con distintas intensidades, en distintos momentos, pero ya no me define de la misma forma, o al menos eso intento, porque también he aprendido que no todo se trata de eliminar lo que duele, a veces se trata de entenderlo, de darle un lugar que no destruya todo lo demás.

Y en medio de todo eso, algo cambió en mí sin que me diera cuenta al principio, algo que tiene que ver con los demás, con esa necesidad casi instintiva de cuidar, de prestar atención, de intervenir cuando reconozco en alguien ese mismo tipo de caída que yo ya experimenté, y no porque crea que puedo evitarla por completo, sería arrogante pensar eso, pero sí porque sé que a veces una pequeña diferencia, una mínima intervención, puede alterar el curso de algo que de otro modo terminaría mal.

Hay algo profundamente humano en eso, creo, en encontrar sentido no en la propia reparación, sino en la posibilidad de que lo vivido no sea completamente inútil, en que todo ese desgaste, toda esa confusión, toda esa acumulación de pensamientos, sirvan al menos para que alguien más no se pierda de la misma manera, o no tan rápido, o no tan profundo.

No voy a romantizarlo, no es un acto puro, no es desinteresado del todo, porque también hay algo en mí que se sostiene cuando alguien más está bien, algo que se ordena, que se calma aunque sea un poco, como si ver a otra persona mantenerse a flote justificara el esfuerzo de seguir aquí, y soy consciente de lo que implica decir eso, de lo poco ideal que suena, pero también sé que es honesto, y en este punto prefiero la honestidad antes que cualquier versión más aceptable.

He aprendido a agradecer, aunque suene contradictorio, no el dolor en sí, porque sería absurdo, sino lo que me obligó a desarrollar, esta capacidad de ver, de entender, de no pasar por alto ciertas cosas, de no quedarme en la superficie cuando sé que hay algo más, y sí, hay días en los que preferiría no tenerlo, en los que todo sería más fácil si pudiera ignorar más, sentir menos, pero también sé que entonces no sería capaz de reconocer a otros de la manera en que lo hago ahora.

Y quizá ahí está lo único que puedo llamar avance, no en haber dejado atrás lo que me pasó, sino en haber encontrado una forma de usarlo, de convertir algo que en su momento solo fue confusión y desgaste en una especie de herramienta, imperfecta, limitada, pero real.

No soy alguien reparado, no soy alguien completo, y probablemente nunca lo sea, pero tampoco soy el mismo que antes, y dentro de esa diferencia, por pequeña que sea, hay algo que vale la pena sostener.

Si tengo que ser honesto hasta el final, diría que no sigo aquí porque todo tenga sentido, ni porque crea que en algún momento lo tendrá, sigo aquí porque, de alguna forma, aprendí a quedarme, a no irme, incluso cuando sería más fácil hacerlo, y porque mientras haya alguien a quien pueda ayudar, aunque sea un poco, aunque sea de manera casi imperceptible, eso es suficiente para continuar.

No es una gran respuesta ni una solución, pero es la más real que tengo, y por ahora me basta.

 

FLF

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión