Donde el abismo pudre alas,
lugar donde las palabras no encuentran su cauce.
Donde el alma queda inundada de aguas estancadas,
donde el canto queda en nombre de los sonrientes,
donde el baile se estremece en una nota desafinada.
Lugar donde la oscuridad se vuelve paisaje.
Pero hasta la oscuridad infinita tiene un regocijo de luz.
O mejor dicho: el fin de la oscuridad... es su propio fin.
Donde las alas salen del abismo,
lugar donde las palabras se pierden en los aldaños,
pero encuentran su cauce.
Desembocan en esas aguas estancadas,
llenándolas,
aireándolas,
para rebalsar,
para que pueda salir de ese pantano
y encontrar ese destino de libertad
Encontrar el destino...
de su instinto,
aunque sea distinto.
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