Los domingos tienen una forma extraña de hacer aparecer a las personas.
Quizás porque todo se queda un poco más quieto. Porque no hay tantas cosas que hacer para distraerse. Porque el silencio deja espacio para pensar en aquello que durante la semana una consigue esconder bastante bien.
hoy pensé mucho en vos.
Tenía ganas de saber de vos. Muchasssssss.
De hablar con vos, de escucharte, de que me contaras cosas. De esas cosas que antes podían llegar hasta mí casi sin esfuerzo y que ahora parecen venir de muy lejos.
No sé en qué momento algunas distancias empiezan a sentirse tanto.
Supongo que una se acostumbra a casi todo. A no preguntar. A no escribir. A guardar una cosa que quería contar para después y después darse cuenta de que ya no tiene sentido contarla.
Lo que cuesta un poco más es acostumbrarse a las ganas.
Mientras tanto, hasta que se me pasen estas ganas de saber de vos, voy a seguir dejándolas estar. Porque tampoco sé muy bien qué hacer con ellas. A veces aparecen los domingos, cuando todo está un poco más quieto y una tiene demasiado tiempo para pensar en las personas que extraña.
Y mientras sigan estando, voy a seguir eligiendo el asiento 27, siempre que esté disponible.
No porque crea que sentarme ahí vaya a acercarme a vos, ni porque espere encontrarte en algún lugar o si(?
Simplemente porque hay cosas que, aunque cambien, una todavía no sabe dejar de elegir.
Y quizás por ahora eso sea todo .....
sentarme en el 27,
pensar un ratito en vos,
dejar que el domingo tome su curso
y hacer como si no doliera tanto que algunas cosas ya no sucedan.
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