Y me encuentro rogándole a Dios, si es que aún me escucha,
que deje de arder este amor, que me borre las cicatrices
de lo que no fue y jamás podrá ser.
Le pido al universo que apague el incendio que dejaron tus ojos estelares,
y que disuelva en el aire la calidez de tu corazón,
porque me quema, me duele y me consume.
Estoy de rodillas, con el pecho abierto,
y el corazón desechado, pidiendo a cualquier fuerza sobrehumana
que arranque este sentimiento de mi carne,
que no me deje seguir desangrándome...
pero ni el mismo olvido se atreve a tocarme.
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