mobile isologo
buscar...

DIOS ES UNA INDIA

Mar 11, 2026

144
DIOS ES UNA INDIA
Empieza a escribir gratis en quaderno

Hace tiempo dejé de escuchar a Dios, casi con la misma rapidez con la que el sol dejó de salir por las mañanas en este lugar. No estoy segura de haberlo escuchado antes. No sé si aquella voz que me convencí de oír venía realmente de Él. Tal vez nunca fue así. Tal vez Dios no existe como siempre lo imaginé.

Hace dos días aprendí el poder del soplo.

Descubrí que el soplo de vida no se trata del exterior, sino de aquello que se enciende dentro de ti cuando decides expulsar lo que ya no quieres, o ya no puedes, sostener.

Respira profundo y sopla.

Respiré. Soplar me resultaba casi imposible. El aire entraba limpio, pero no encontraba la fuerza para salir.

Entonces volví a escuchar:
necesitamos que soples.

Y apareció una fuerza sutil, apenas perceptible, que empujó hacia afuera aquello que había llegado puro con el aire al inhalar.

Durante años imaginé a Dios como un hombre infinito, poderoso, perfecto, completo en cada fragmento de sí mismo.

Pero resulta que quien me cuida es una anciana.

Es casi tan bajita como yo. Tiene largas trenzas blancas y una dulzura que me resulta familiar. En su inmensa capacidad de amar encontró la sabiduría.

Camina conmigo a donde vaya y, sonriente, susurra:

ya no hay por qué estar triste,
ya no hay más por qué llorar.

A veces casi puedo escuchar su voz.
Escucharla de verdad.
Como si fuera terrenal.

He empezado a seguir instrucciones como beber agua con cuarzo blanco, dormir más. Dicen los seres de luz que cuando dormimos el ego se aparta y entonces ellos pueden hacer su trabajo.

Hace unos días grité desesperada:

Dios, dame una señal de que estás aquí.

Pero solo hubo silencio.

Aun así, últimamente aparece un pájaro cuando paseo por el jardín. No hace nada extraordinario. Solo canta y sacude sus alas, lo suficiente para que su presencia sobresalga entre todas las demás aves.

Hace tiempo leo la Biblia, pero ya no me sabe igual. No quiero que Dios me hable a través de historias magníficas que ya conozco de memoria.

Quiero que me mire a los ojos.
Quiero que me hable a mí.

Que me diga que no voy a morir.
No así.

Quiero a Dios en presencia absoluta, no escondido en la conclusión de sus relatos. No quiero intermediarios entre nosotros ni interpretaciones abandonadas a mi incertidumbre.

Basta de oraciones en las que intento negociar mi voluntad con la suya.
Basta de esperar algo que quizá nunca llegue.

A veces todo es solo el llamado profundo de ir hacia adentro.

Dios, cuántas sombras tengo.
Y en ellas me desvanezco.

Soplo mi aliento herido para sanar. Inhalo este aire frío de ciudad y bebo agua para recordar mi ancestralidad, las mujeres que quedaron atrás en cuerpo, pero a quienes mi alma acompañó en tantos vuelos.

Será entonces que,

tal vez no soy cristiana, sino india.

Tal vez mi Dios no es masculino, sino femenino, y viste trajes largos adornados con plumas de colores.

Mi Dios —mi Diosa— no es más que la manifestación de la grandeza interior, esa que todavía intenta abrirse paso para salir.

Mi Diosa viste de blanco y camina descalza. Canta. Baila libre con sonajas en los tobillos. Cuida la tierra de la que fue hecha y vive rodeada de rituales.

Entonces entiendo que mi Dios no es solo infinito.

Es también un indio en perfecta armonía con su creación.

Mi Dios no habita únicamente en las letras ni en los templos.

Dios —mi indio, mi india— está en la tierra que piso cada día y en el sol que aún no ha vuelto a salir, como si dijera:

descansa.
sana.
que el resto lo hago yo.

Ay, Dios…
abuelita sabia que resguardas mis pasos y mis llantos,
quisiera saber cuánto soplo bastará para reavivar, al fin, mi canto.

K R I S H A N

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión