Recuerdo clarito un par de noches en las que soñaba despierta contigo. Párpados cerrados, lampara roja alumbrando la pared y un deseo en mente. Le hablaba a la luna llena sobre ti. Levantaba los brazos muy alto, clamando al cielo si podría darme una señal sobre el camino a tomar. A veces bajo la lluvia, a veces a sotavento. Era mi manera de no caer en la locura—quería ignorar lo que ocurría en el trasfondo—. Pasaba noches enteras repasando cada palabra. Miraba fotos tuyas solo para sentirte cerca o releía textos que me hicieran revivir esa flama tibia. En ese tiempo solía dormir muy tarde y en cada hora rondabas tú. "Dime, si hay calor, ¿Por qué quiero que tú me abrigues? ¿Por qué reacciono al sol con tu boca de sal?", canturreaba. Se detenía el bucle a la hora que cayera rendida de cansancio. Es que no dejabas de calentar mi corazón, amor.
Sentí temor de estar malinterpretandote. Tal vez esa cancioncita que me regalaste la primera vez que me viste triste solo era eso: una canción más—después descubrí que te vale tres hectáreas de v* el mundo y yo estaba en un lugar especial para ti—. Que terror. Ansiedades de adolescente enamorada que se iban al caño, pues llegabas tirando la puerta cada noche y me arrastrabas de la mano a cualquier plan que se te ocurriera para estar juntos. Datos curiosos, charlas profundas, arranques de dulzura. Yo me dejaba. Pretendía calma, a pesar de la marejada que azotaba mi mente sin descanso. Oleajes fuertes, rayos de sol incandescentes, brillo fulgutante. Coquetería innata que me descolocaba completamente. Claro, no sabías de mi terquedad, así que fue contraproducente porque menos quería que lo lograras rápido, el conquistarme, más me decía: "no, no, no", camuflando el "SÍ, SÍ, SÍ" altisonante. Aparte estaba ese temor importante de involucrarme en el proceso—completo—de cambiar mis esquemas sobre amor, fallar en el proceso y que nuestra química se perdiera para siempre, pero eso para otra carta.
Mirando atrás puedo notar cada pequeño detalle que sumó a nuestro inevitable destino juntos y no lo cambiaría por nada.
Cabe mencionar que mi lado porfiado se debía a que temía enamorarme nuevamente—cuando ya estaba sintiendo, muy tarde, solo hice más lento lo inevitable—. No obstante, ya que soy una contradicción andante, también le pedía a la luna si podía obsequiarme tu interés, pero no sé si me lo cumplió ella ¿Fue la luna que se puso de mi lado o el chico de las estrellas ya me estaba mirando? Miraba por la ventana en las noches y la pregunta se repetía: "¿Es por aquí?". Un 29 de Octubre del 2025, te dije que "me moría por ti".
Al final, luego de quejarme con mis amigos de que me estaban amarrando con mi propio internet, en mi elemento, en mi propio bosque y con mi autorización tácita, decidí irme de lleno a sentir lo que tuviera que sentir y disfrutar hasta donde se pudiera. Ahí tuviste mucha razón, cuando dijiste: "Tengo la impresión de que quieres sin tapujos y sin miedos", porque una vez acepté que el enamoramiento era irreversible abrí mi mundo para dejar de ser solo yo.
Y pasar a ser tú y yo,
Te cielo, inserte sonrojo,
Cariselis Naruka.
[Edit mágico] Pensarme-pensándote me tiene derretida, mientras escribo esto. He tenido muchas pausas solo para deleitarme con estos preciados recuerdos.[Edit mágico] Me llega profundo cuando dicen: "La tierra se nos calentó y derritió esa convicción de que solo es mejor, y ahora quiero oír violines y un amor como en el cine..."
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