Vuelve bordo y ya no espero rojo. Pido paz y él quiere todo el fervor
Se lo doy a cambio de la dicha de no pensarlo antes de dormir, de no confundir el sonido de la música con palabras de amor,y no creerlo vivo ahí, entre guitarras.
Se lo doy sin esperar la vuelta victoriosa y la cena en una mesa extensa, llena de todo el porvenir. Sin escuchar grandes aventuras entre bosques y ciudades,sin pensar imágenes que me vuelvan rumiante durante el atardecer, sin creerlo entre otras.
Se lo doy en exilio, el suyo. Y voy a despedirlo todas las veces
un anillo de siete aros y una promesa que nunca juramos.
Que quede solo toda mi devoción.
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