Un camino que podría recorrer con los ojos cerrados,
Recitando de memoria con los pies su dibujo sin errar ni dos.
Recordando lugares que nunca jamas aprecié; ahora yacen enterrados,
Un salmo de arrepentimiento por aquello que en mis pensamientos quedan dos.
¿De qué sirve tener un perro si no puedo abrazarlo cuando la soledad me consume?
¿De qué sirve tener comida lista si no puedo sentir el sabor ni llenar mi alma?
¿De qué sirve tener un lugar si no es mi hogar?
Regresame, regresame, regresame
A mi felicidad, a mi hogar, a mi eternidad, al lugar que jamás quise dejar.
Ahora estoy en la puerta,
La lleve gira y quedan dos repiques,
La llave vuelve a girar y suspiro con quejar,
La puerta se abre, creí saber lo que me esperaba
Mi perro estaba sentado ahí, más no estaba feliz.
Mi perro escuchó mi quejar, más no se alejó.
¿Soy alguien cuya ingratitud puede lastimar al ser más noble?
Mi perro es una persona más sabia que yo.
Estoy en mi nicho,
Todo se ha dicho,
Lo que he predicho.
Todas las palabras fueron en vano: nada cambia.
Llegué.
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