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Después, Venezuela

Jan 12, 2026

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Después, Venezuela
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Hubo un día

dicen,

en que el nombre del verdugo

sonó como una puerta mal cerrada.

No fue silencio.

Fue ese ruido raro

cuando algo cae

y nadie aplaude

porque todavía duele respirar.

Me sorprendí sonriendo

como se sonríe en los velorios:

con culpa,

con nostalgia,

con la certeza de que la alegría

no sabe dónde pararse.

Pensé en Venezuela

como en una casa saqueada

donde alguien anuncia: ya se fue el ladrón,

pero los cajones siguen vacíos

y el olor del miedo

no se va con el primer viento.

Hay ironías que solo entienden los cuerpos cansados:

celebrar sin fiesta,

esperar sin fe,

creer sin pruebas.

Porque una caída no es un comienzo,

es apenas un hueco.

Y los huecos también asustan.

Yo, que aprendí a quererla

desde lejos,

sentí algo inefable,

esa palabra que no alcanza

una mezcla de alivio y duelo,

como cuando el golpe termina

pero el moretón apenas empieza a hablar.

No sé qué viene.

Eso es lo más honesto que puedo decir.

No sé si la historia sabe ahora

caminar sin látigo,

si la esperanza recuerda su forma,

si el futuro no vendrá

con la misma cara

y otro nombre.

Pero esta noche

quiero creer, aunque sea torpemente,

que Venezuela no es solo la herida,

que debajo del desastre

todavía late algo hermoso,

terco,

indócil,

esperando que alguien

no la salve,

sino que la deje vivir.

JHONATAN DE JESUS BOBADILLA

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