Por fin me abrazo en el silencio de mi cuerpo,
me descubro en los pliegues de mi alma,
en cada cicatriz que creí que me rompería
aunque se vayan los que creí indispensables,
aunque los ecos del abandono aún susurren,
al final del día, soy yo quien queda,
y en mí me encuentro, me sostengo
el dolor que antes pesaba como piedra,
ahora es río que corre por mis venas,
me purifica, me enseña, me libera y estoy más plena
hoy camino sin miedo,
mis manos abiertas al viento,
mi pecho lleno de mí,
y no necesito más,
porque tengo todo lo que importa
mi propia luz, mi propia verdad
hoy quiero vivir,
no como antes,
sino con la certeza de que ya no me pierdo,
porque al fin me tengo a mí
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