La soñé.
La recuerdo solitaria y hermosa, reposando en su lecho.
Dueña del amor, te deseo,
te suplico que por siempre me tengas piedad, que me perdones.
Ella reina el lucero del alba,
yo muero de rodillas cada noche, pidiéndole que nunca me deje.
"Luna, no me abandones"
Me corresponde las miradas y no me siento merecedora de ser reservada en su corazón de porcelana, porque yo tan solo soy una niña, que aún no es mujer
que no vive más que una vida insana
que no quiere sofocarla.
Pero ella nació más fuerte que cualquier melancolía,
es devota de un amor que la persigue, porque no conoce desprenderse de lo que siente.
Combate frente a frente con mis mareas vivas
junto a la de millones de lunáticos que le imploran amor y un cuerpo que aporte calor.
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