En tu discurso había dudas y miedos,
pero en tus ojos-ventanas se asomaba la certeza.
Tus labios rendidos me contaban otra historia.
Una llena de ternura y deseo en cada beso que dibujaban.
Mis manos, piezas forjadas al fuego del miedo.
Titubeaban al extenderse sobre el volcan de todos mis rechazos
para descubrir que las tuyas buscaban otras manos,
y no las mías.
Mi desentendido corazón siempre cantó con claridad.
Una claridad tibia que ahora se desliza por mis mejillas
mientras me confieso.
¿Qué hago con éste cariño que creció
como un desierto florido?
¿Cómo no agradecerle a Dios todo este amor que puso en mí,
aunque no quieras recibirlo?
¡Qué regalo!
Cuando veo esa dulzura que aflora en la esquina de tu sonrisa,
cuando escucho a esa niña en tus carcajadas:
Lo entiendo todo.
Luego llega tu distancia,
y se abren de nuevo las preguntas.
Ay!, pero tu dulzura, tu dulzura.
Espero. Me espero.
Y escucho...
La vida es ésto:
Darlo todo hasta que no podemos dar más,
y cuando llega el momento de soltar,
Soltar.
.
.
(Julio, 2026)
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Daviana Orlok
"Somos como cuerdas ajustadas por la fuerza que tira en diferentes direcciones"
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