deseo y la libertad interior
Dec 1, 2025
Hoy siento que muchas personas han convertido el sexo en una prioridad, casi en un requisito para sentirse completas. Vivimos en una sociedad que cae una y otra vez por el exceso, donde lo inmediato y lo intenso parecen más importantes que lo real. El deseo se vuelve tan dominante en la mente de muchos que, cuando no lo obtienen, sienten un vacío que confunden con infelicidad. Su idea de bienestar se reduce a tener sexo y a tener a alguien al lado, como si la soledad fuera una amenaza y no un espacio para conocerse.
Por eso admiro profundamente a quienes no se dejan encadenar por nada. A quienes saben estar consigo mismos sin sentir que falta algo. A quienes pueden mirar sus emociones de frente, comprenderlas y no dejar que las gobiernen.
A esas personas, las que no son esclavas del deseo, las considero capaces de amar de verdad. Porque ven más allá del impulso, porque no se dejan seducir por la gratificación momentánea. El deseo, al final, es como una droga: solo ofrece dopamina cuando se obtiene lo que se desea. Pero quien no depende de eso puede disfrutar la realidad tal cual es, sin adornos ni ilusiones.
Y es entonces cuando surge un amor más auténtico: dos personas que conviven porque se admiran, porque se respetan, porque se eligen desde la libertad y no desde la necesidad. Eso, para mí, es lo que realmente vale.
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