No soy su comienzo,
ni su destino.
Soy el reflejo opaco
de un deseo prestado.
Me elige sin elegirme,
me nombra sin voz.
Me sostiene en brazos
que tiemblan de duda.
No soy certeza:
soy pausa.
Dice que le gusta mi compañía
como si eso bastara,
como si yo no llevara días enteros
esperando que me mire
como se mira a lo que se ama.
A veces, me regala cielos
que inventa para olvidar.
A veces, soy la lluvia
que no pidió.
Y aun así, florece.
Lo amo,
aun cuando no soy motivo
ni promesa,
ni siquiera pregunta.
Lo elegí
como se elige el abismo
cuando tiene forma de casa.
No dijo que me amaba,
pero me quedé
a dormir en su sombra.
Porque algo en él
me hace sentir viva
aunque después me deje vacía.
Somos lo que no se dice,
lo que nadie escribe
porque no termina.
Porque no empieza.
Y en su silencio
me invento un verbo
para nombrar el olvido,
un hueco donde guardo
lo que se rompe
cada vez que se aleja.
Lo amo sin refugio,
sin palabra cierta,
como se ama el vacío
que se niega a ser ausencia.
Para R.P - Este poema se encuentra publicado en el libro "Amar hasta morir II" (GRUPO EDITORIAL LETRAS NEGRAS)
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