condensado en el aire.
llenamos el silencio jugando a salpicarnos.
podríamos habernos quedado con eso,
pero nos encontramos con el Paraná en el verano más caluroso de la historia de Rosario y el carnaval ya no se festeja como antes.
vos te criaste acá,
yo me quedaba embobada con el reflejo de las luces en lo que solo supe llamar olas.
no es mar y el marrón no te deja ver el fondo.
quise empujarte pero volvías.
se me acumulaban las noches de sueño,
y volvías.
la ropa me quedaba con olor a húmedo,
no se secaba el piso del baño,
y volvías.
tanto que aprendimos a hablar, desembarcado.
te prefería bajo la ducha, sofocado.
en la botella de agua de la mesita de luz, empapado.
amanecido, con la niebla y las cataratas que no me dejan ver.
se me empañan los vidrios de los anteojos y no sé qué.
me contraés y repongo lo que tuve.
no te gusta cómo hablo y enredo mi lengua para que siga el ritmo de la tuya, para que mis besos sigan gustándote, atragantado.
ya pasó el invierno, y más tanto,
te llamo porque tengo el paladar congelado con el tacto
de tu lengua que me persigue y miente.
llueve y le creo para no perderte,
y me ahogo para que sigas con sed
y vuelvas
a beber
me.
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