no lo supe desde la primera vez que mis ojos te encontraron.
no lo supe la primera vez que tu risa se conjugó con la mía.
no lo supe ni siquiera cuando tu alma abrigó la mía y sentí por primera vez esa sonrisa indeleble al haberte encontrado entre cientos de personas.
no lo supe, pero siempre fuiste parte de mi carne, de mí, con pureza y redención.
cuando te vi por primera vez, traía el corazón magullado entre mis palmas, el cual curaste con tan solo el roce de tus labios, mullidos, fríos.
las olas trajeron consigo libertad y su brisa chocó en mis mejillas tibias, saladas. mis rodillas vibraron entre tus brazos y mi aliento te perteneció de principio a fin -no quiero ponerle un final-
ya no pude oír tu nombre sin sentir como colisiona el mar con cada uno de mis pliegues.
desde que te vi, conocí la libertad en el menester de estar en la prisión de tus brazos. le diste significado y razón a mi existencia y ahora no hay vida sin ti.
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