El momento está llegando.
Siento el peso del tiempo caer sobre mis hombros.
Estoy perdida.
Mi reflejo ya no pronuncia mi nombre. No sé quién fui, ni quién habita este cuerpo que aún respira.
Una vez más, la vida se escapa frente a mis ojos y no encuentro la forma de mantenerla cautiva.
¿A dónde huyó la luz que alguna vez me mantuvo con vida?
Todo a mi alrededor se ha oscurecido, llenándome de dudas.
Tal vez aquella luz nunca existió.
Tal vez nunca fui feliz.
¿En verdad fui feliz?
Se lo pregunté a la muerte.
Ella se posó frente a mí y, sin pronunciar una sola palabra, extendió su mano.
Su silencio lo dijo todo.
Entre lágrimas acepté mi derrota.
Tomé su mano...
y me convertí en ella.
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