A un día de la mesa de examen pensar en rendirle cuentas sobre el conocimiento que he adquirido a mi profesor genera en mi una resistencia genuina e imperiosa. Lo que estudio me pone en jaque dentro del tablero de ajedrez del mundo, no tengo un movimiento de ficha posible, y uso esta metáfora pero quiero aclarar también que no sé jugar al ajedrez pero no puedo evitar pensarme como una pieza más dentro de ese tablero que me obliga a moverme para poder avanzar. A su vez lo que leo me invade de preguntas sobre lo que quiero ser, y la forma en que abordo y expreso mis palabras y mis cosas.
No podría nombrar una sola cosa que ésta materia en particular no me haya hecho, se infiltró en mí desde todos los ángulos. Desde cuestionar la elección de mi carrera universitaria en particular, mi funcionamiento y el funcionamiento del mundo en general. La pregunta hacia dónde tengo, quiero o debo ir queda sin juicio y atrapada en una incertidumbre que equivale a psicologizarme, realizar un retorno sobre mí misma que se convierte en un bucle porque no hay un principio ni un fin que pueda dar respuesta, y está bien que así sea. Yo soy quién soy desde hace mucho tiempo antes de que naciera, mi cuerpo configura toda una gama de habilidades, formas de pensar, virtudes, defectos, percepción y lenguaje, que son hijas de un tiempo contextual: histórico, social, cultural y familiar que hacen a mi nombre.
Entonces digo, rendirle cuentas sobre el conocimiento que he adoptado sobre Canguilhem, Foucault, Bachelard y otros filósofos e historiadores a una cátedra como lo es Epistemología me vuelve casi obligadamente a traicionar la idea de estos autores a los que les he tomado cariño. Invaden en mi cuestionamientos teóricos sobre el poder, la construcción y la lucha, y cuestionamientos prácticos que me llevan a preguntarme ¿Uf, para qué...?. Mi historia personal vivida con respecto a la asimilación del conocimiento no ha sido fácil. Por algún motivo, razón o circunstancia hasta hace un tiempo atrás no había podido entender o agarrar los hilos de cómo yo quiero conocer y aprender. Desde que tengo uso de razón intenté utilizar el método que conocía, estudiar de memoria. No sé ni cómo, ni por qué, y ahora pensandolo creo que estudiar de memoria implica la no comprensión del valor que tiene el conocimiento en sí mismo. Estudiar de memoria deviene creo yo de una obligación que debía ser cumplida en tiempo y forma dentro de una dinámica escolar que no esperaba a aquelles que tenían otra forma de procesar el contenido y tampoco enseñaban a querer, en términos afectivos, al conocimiento, no enseñaba a otorgarle una significación más próxima a la experiencia de cada une para que se considere valioso para el desarrollo de la vida de unes y de otres. En términos de un optimismo minoritario, doy fé de que existieron maestras y maestros, profesoras y profesores que intentaron con su lenguaje trazar un camino más allá de lo meramente dado.
Repensando y resignificando mis procesos de enseñanza y aprendizaje en este gran camino que ha sido el estudiar una carrera universitaria, puedo decir a mis 26 años que he descubierto cómo me gusta aprender. El primer paso para ese descubrimiento fue darme cuenta de mi constante choque con grandes muros de los debo y los tengo, construidos socialmente que han limitado a mi persona durante años. El segundo paso fue, en términos criollos, bancarla como nunca y haber tenido el enorme privilegio de haber nacido en un espacio familar lleno de contención y seguridad que me brindó las condiciones de posibilidad para que yo pudiera desplegarme, para que yo pudiera experimentar, equivocarme y registrar al fin las nuevas formas de aprehender el conocimiento del mundo.
La existencia al fin se vuelve una tragedia, un accidente. En palabras de mi padre parafraseando a mi abuelo: "no existen nacionalidades, no existe el ser argentino o ser chileno, el nacimiento en la tierra es simplemente una tragedia".
Y lo traigo a colación para poder diferenciarlo de la posibilidad de estudiar que se vuelve el enorme privilegio de algunes, y que ese privilegio no debe quedar como jocosamente en el aire sino que aquelles privilegiades cómo vos o como yo, somos quiénes tenemos la potestad y la obligación de asegurar una existencia y un mundo mejor.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión