Es que ya no puedo sostener nada, Paula.
El amor se me escapa de las manos, como arena entre los dedos, esparciéndose en el aire.
Antes podía atraparlo en un reloj que imitaba la silueta de sus cuerpos y contemplar cómo se deslizaba por un tiempo.
Hoy temo que se me fueron las ganas y la juventud; llevo sus historias en mis arrugas prematuras y en la soledad de mis pasos.
Contemplo el fantasma de sus almas cuando aparecen ante mí, tan preciosas y joviales; intento arrastrarlas a mi inmundicia y me rindo antes de tiempo.
No puedo ser más que un mero espectador del más puro e inocente sentimiento que comparten aquellos cuyos latidos arden en sintonía, porque ya no conozco la tranquilidad de la emoción… así que las aplasto antes de que empiecen a vivir.
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