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    Depresión (con diagnóstico) día 1

    Celeste

    Mar 19, 2024

    Depresión (con diagnóstico) día 1
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    La depresión como un estado constante de sepulcro.

    Hace meses que vengo sintiendo que no soy yo, que la persona que era se fue apagando o que por las cuestiones de la vida me fui quedando ahí quieta, tapada por las otredades.

    Un martes de julio me dijeron que lo que tenía era depresión...no esperaba esa palabra... Esperaba un "estás re pasada de cosas, relaja y tomate una agarompa y fíjate como se acomoda todo"...

    La agarompa terminó siendo un antidepresivo, el terror de muchos, yo incluida.

    Pensar en posponer esto era impensado, con una familia con la que convivo a diario y un entorno cercano fraterno y sostenedor, sabía que tenía todas las de ganar. El problema es que en esta ecuación el porcentaje mayor lo tenía que poner yo. Y ¿cómo poner algo de mi cuando los sentimientos y pensamientos me dejaban en un lugar oscuro, frío?... Indeseable para cualquiera.

    Pero, como este día no es el primero, intentaré resumir un poco.

    Noviembre 2022 podría ser el mes en el que siento que comenzó todo, ¿cuál fue el detonante? Aún no lo sé. Pero si reconozco que desde esa época me doy cuenta de una desmotivación constante que me llevaba a pensamientos negativos sobre mi persona, desde el "que floja soy" al "no sirvo para nada". Esto era un rulo cotidiano en mi cabeza, para el afuera mi respuesta era que estaba cansada, que la altura del año...tanto lo dije que me lo terminé creyendo y así pateé un tiempo más este sentir que poco a poco iba consumiendo a la persona que fui.

    Llegaron las contracturas, mi columna gritaba que no podía sostener más esto. Un día me quedé sin fuerza en brazos y piernas, me arrastraba (real) para ir al trabajo, al baño...subir escaleras era misión imposible.

    Enero fue un mes difícil...y así seguí hasta julio. Sonrisa en cara, noches de desvelo, pensamientos cada vez más oscuros, cansancio físico y mis ganas de salir de la cama ya desaparecían, así como las de bañarme, salir, ver gente...aparecían los malditos ataques de pánico, la angustia profunda y los atracones con comida. Un sinrazón diario.

    Bajó mi productividad laboral, mi pasión por mi trabajo...esa necesidad profunda de ayudar al otro... Y cualquiera pensaría que era algo lógico, pero no lo era para mí. Necesitaba sentirme útil para los otros. Lo mío podía posponerse. Hasta que no se pudo más.

    Y toqué fondo.

    Me supe necesitada.

    Necesitada de que otros me ayuden.

    Y pedí ayuda.

    Celeste

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