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¿Denuncias falsas?

Abr 30, 2026

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¿Denuncias falsas?
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El feminismo está atravesando actualmente enormes desafíos fruto de las fuerzas conjuradas de la derecha y el machismo recalcitrante. Y esto hay que decirlo de frente: hay quienes no disfrutamos de los ataques a las mujeres incluso si acaso hemos sufrido alguna injusticia o exceso en el pasado. Hay mucho por definir.

Primero, ¿qué es el feminismo? ¿Qué entendemos por feminismo? Aparecería en el público masculino la idea de que hay un feminismo bueno y otro malo. Las cosas no son tan sencillas. Sin embargo, ¿cuántas veces hemos odiado que se nos acuse gratuitamente de machistas por hechos insignificantes? Hemos odiado que se equipare mandar dos mensajes de texto a un abuso. En ese sentido la identidad de este movimiento no es clara, porque sus discursos permean todos los niveles. El feminismo aparece como una forma de empoderar a la mujer muchas veces de maneras poco nobles. Por ejemplo, conozco no pocas "mujercitas" que aún vitorean y exclaman con un dejo de nostalgia la caza de brujas que se desató en el país en 2018. Escraches y más escraches por verdaderas pelotudeces, siempre claro, matizadas por verdaderos horrores sin nombre.

Habría que distinguir varias cosas que se confunden. Porque una cosa es el escrache cobarde de quien escribe un mensaje en una red social, medio sin penalización, no judicializable, esto en efecto puede destruir la reputación de una persona y es lamentable. Pero, y no puedo ser suficientemente enfático, otra cosa es la denuncia penal. Donde quien denuncia está en riesgo. Riesgo por la falta de cuidado y seguridad para las demandantes, ¿Cuántas veces una mujer dijo tengo miedo de que me maten y sus temores se hicieron realidad? Además, existe el riesgo de contradenuncias por parte de los presuntamente violentos, esa figura existe: nadie denuncia gratuitamente como nos acostumbró twitter. A este respecto las estadísticas son claras, y podemos generalizar brutalmente sin demasiado error NO HAY DENUNCIAS FALSAS. Al menos no existen significativamente, es decir que las denuncias falsas son un resultado marginal que no hace al nudo de la problemática.

Que el gobierno vuelva blanco de sospecha a las víctimas, a las violentadas, a las que terminan muertas es una prueba más del grado de deshumanización de La libertad avanza. Entonces se confunden varias cosas, el malestar masculino por las micro injusticias sufridas todos los días, y los hechos cruentos y macabros de muertes y violencias, vidas destruidas. El estado no protege al débil sino que saca rédito de un malestar difuso.

Y al mismo tiempo todas las semanas nos desayunamos con una mujer asesinada, víctima de su marido, ex, o amigo íntimo. ¿En qué momento perdimos la humanidad para indignarnos frente a esos hechos aberrantes? ¿Cómo hemos permitido que solo las mujeres denuncien esos delitos? Quizás la respuesta sea que hemos perdido espacios dentro del mismo feminismo. Es natural porque en general las propias mujeres han cerrado filas y nos han expulsado. Por cierto, siempre estamos en el banquillo de los acusados. Nadie quiere ser gratuitamente victimario. Lo máximo que puede hacer un hombre es dar un like y compartir una historia feminista, sin atreverse a dar su opinión. De hecho, yo mismo me siento en cierto riesgo social al emitir juicios como este. Incluso si claramente defiendo las denuncias de las mujeres, no ser totalmente obsecuente automáticamente me hace sospechoso. Y ese es el radicalismo que las mujeres debieran combatir.

Conozco la crítica sobre los espacios captados por militantes masculinos, eso es real, algo que graciosamente se inscribe en la etiqueta de “mansplaining”. Pero hasta cierto punto apartar a los varones de los debates es y ha sido un verdadero error estratégico. El espacio de solo mujeres nace con buenos motivos, pero en cualquier caso hace que las quejas se vuelvan demasiado selectivas. Cuando uno mismo teme por su reputación, cuando varones te odian y mujeres te acusan de falso uno aprende a callarse. Incluso a alegrarse secretamente cuando las cosas no les sale tan bien.

Entonces, sí, debieran aparecer los espacios de mujeres, asambleas, etc, grupos que visibilicen las asimetrías estructurales. Pero lo cierto es que muchos estamos hartos de la falta de criterio, que se mezcle todo en el mismo lodo. El oportunismo de quien mezcla sin tamiz todo. Al final el varón promedio no odia el feminismo en abstracto, al menos al principio, sino que odia la injusticia que sufrió al ser agredido por un discurso a veces injusto. Y claro, uno íntimamente se alegra cuando ve que el jacobinismo feminista pierde sustento y que ya no lo acusarán por insignificancias. Pero es una venta al diablo. Porque al mismo tiempo las mujeres se vuelven temerosas, no diré obedientes, pero lentamente aprenden a aceptar su lugar histórico de subordinadas y dependientes. ¿Qué pasó con el slogan MUJER BONITA ES LA QUE LUCHA? Hay que decir que el erotismo de una mujer fuerte y empoderada es potente, pero no es lo universalmente deseable. Así que la mayoría de los hombres conspiran ideológicamente para mantener sus privilegios simbólicos. Mientras nos siguen matando amigas, hermanas, madres, amores…

Bonchi Est

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