Hay demasiados brazos haciendo la nada
La nada como un ente infinito
Sin palabras, sin imágenes claras
Algo inexistente y pueril
Un desafío mental, una ilusión de magia pura.
El culmen del monólogo vacío
Es creer que todo se puede, que habrá algo más allá del límite
Pero todo está privado de vida
De propósito alguno
Es una arenga que se escucha fácilmente
Pero/hiere/con/cada/vocal/con/cada/diptongo
Que salen de esos panfletos desplomados por la sal y la lágrima
La ficción como protagonista excelsa
Qué roe, qué lástima, qué requiere
Siempre reclama una lealtad infinita
Pero que no consigue dar nada a cambio
Solo palabras bonitas
Una partitura mortal de estruendoso sonidos desafinados
Que se repite y se repite,
Matemáticamente exacta
¡Ay, y cómo cansa!
Es como un disparate supremo
Con la desmemoria como firme protector
música trillada para oídos encendidos
hastiados, cansados reclamando el tedio de
Un domingo por la tarde.

Yom Hernández
Aquí un licenciado en Historia, loco por la literatura que lee y escribe pertinazmente. Padre de tres libros publicados por Ed Atlantis, Ed Adarve, Ed Cuadranta.
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