Te entrego mi alma y espiritú buen andador. Despojame del dolor profundo y con el haz florecer un centenio de lirios que sustituyan la paciguedad por un estado de locura impuesto, como el del mismo Hamlet. Arrebata de mi memoria los recuerdos felices y bloquealos de mi consciencia infinita, permiteme salir a la superficie unos segundos y luego vuelve a hundirme.
Pon en tu posesión la sustancia que acalle hasta el último sollozo nocivo esparcido por la tierra. Encuentra mi centro y resucita el martirio reflejado en el cristal, cuyas imagenes aluden a la bienaventuranza del ser punzante que habita en las más recónditas partes de mi ser. Y cuando ya hayas completado tu misión, asegurate de vender este desconsuelo al mejor postor de reliquias amordazantes.

Marena
Fragmentos absurdos de una veinteañera entusiasta. Estudio marketing pero me apasionan las letras y las palabras que las miradas gritan
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