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Delirios

Aug 25, 2026

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Delirios
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¿Cuantas veces preguntaste en tu interior unas palabras conjugadas que nunca pudieron cruzar el umbral del aire para llegar al oído para el que fueron gramaticalmente yuxtapuestas? No podría contar con los dedos porque me sobrarían los números. Podría contar con los números, claro, pero así en cambio me faltarían dedos. Eso que queda guardado en un momento inexistente que sin embargo conocemos, lo que queda escondido en algún rincón etereo de ese frágil territorio que es la memoria.

¿Que soy sino mis fantasias más íntimas y honestas? ¿Qué, sino ese cuerpo que vive en un espacio liminal entre mi consciencia y mis carnes? Una realidad impalpable bajo la esperanza de ser potencialmente transferible a la experiencia del tacto o de la viceralidad. Esa realidad que me demanda que la ponga en juego, que active alguna maquinaria de mi ser para transfigurarla, convertirla en la consumación última que me exije. Una potencia de ser que cultivo en la soledad de mis diálogos, a pesar de no estar a solas en mi interior, de saber que en ese otro invento del lenguaje habitan tantas yo como se me antojen inventar.

Entonces sentencio, en este acto de inscripción, que todo lo que pulsa en la conciencia, de alguna manera, demanda su existencia ante quien se convoque. Eso que exije existir debe ser sujeto de nacimiento, un nacimiento con la singularidad que le corresponda. Debe ser también susceptible de amorosidad, y por eso mismo, acompañada con la ética necesaria para que la criatura viva. Que se le otorgue una corporalidad, una materialidad cualquiera sea, para que el mundo la goce y goce con el mundo. Necesitamos regalarnos éstos nacimientos de la experiencia, que replicarán y contagiarán experiencias. Es lo que le dejaremos a la Tierra para su eternidad, porque no estamos separadas de ella y es justamente su cuerpo el que almacena el conocimiento pero ¿que es el conocimiento sin la experiencia? Nada puede quedar fuera de ella por lo que volveremos atravesarla una y otra vez hasta que nos venga a la consciencia otra manera de narrarla.

Y lo que pulsa, para intentar dilucidar lo indilucidable y jugar un poco, es un senti-pensamiento que se experimenta por fuera del tiempo como lo conocemos. Un chispaso de luz que no baja como el espíritu Santo, brota como un capullo pequeño en la corriente de pensamientos basura y hay que estar muy atentxs. Al chispaso y a la voz que dice, desde un rincón profundo de la intuición, que ese chispaso abre más caminos.

Los desvaríos no sé si se entiendan pero, como escuché hoy en la radio, apropiarse del delirio es otra manera de disputa.

Rocío Giménez Ferradás

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