(Esto ya lo barruntaba yo este tiempo atrás)
Derechos de autor. Al fondo a la izquierda.
¿Cómo saber que lo que pienso es mío?
¿Dónde está el título de propiedad?
¿Quién es ese yo que ha de sentirse dueño?
¿De quién si no?
Pero quizás sea como el viento, lo que pienso, lo que imagino, lo que surge del adentro de lo que sea que soy. Viento que mueve las hojas, que acaricia un rostro. Huracán, a veces, en tormenta.
De nadie.
Las conexiones que se dan en mi cerebro, como para respirar, ajenas a mi voluntad, provocan lo que voy escribiendo. Justo antes de hacerlo ¿estaba ahí lo que pinto o simplemente lo engendro? ¿Soy, como un dios, creador de universos?
¿Es la mosca propietaria de su vuelo?
Me pregunto si no hay nadie más allá que me dirige, que pone en la punta de mi lengua lo que digo, en los dedos que golpean cada tecla, lo que escribo. Pero no es más que alargar la incógnita; como poner tortugas hasta el fondo.
Determinar que un dios hizo el universo es la solución fácil que permite no preguntar quién hizo a ese dios. Así, pensar que hay “Alguien que en mí” que decide, que me piensa, que pone en mi cerebro lo que transmito, es decidir en la ignorancia.
No hay respuesta más allá de confirmarse en la existencia que del propio pensamiento se deduce .
“Cogito ergo sum”
Soy, en tanto que pienso. Eso, siempre que no piense que no soy dueño de lo que pienso y que es otro el que dicta, siendo yo tan solo un instrumento.
Algo soy, en todo caso.
Sea, pues, aunque, a veces, créanme que lo siento.
(Soy un sentimental).
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión