El famoso monstruo bajo la cama, aquél con que te atormentaban en la infancia. Un día surgió como una idea de adultos para hacer que el niño se callara. Sólo un cuento, puras palabras. Hasta aquél día en que se hizo presente.
Fue en silencio, las ventanas estaban cerradas. Contuviste el aliento y lo observaste moverse. Era lento como si analizara cada pisada. Su figura estaba sucia, casi como las ventanas de tu auto abandonado, ese que compraste para realizar alguna escapada.
Te observó. No tenía ojos ni dientes, solo una boca vacía. No sabés cómo, pero te hablaba. Se graficaron ante vos todos esos secretos que tanto te aterraban. Te sentiste indefenso, con ganas de acurrucarte en tu cama, esperar a que alguien te leyera un cuento y te arropara. Las hojas de tu diario se sacudieron mostrándote aquellos garabatos que hiciste cuando eras un niño indefenso. ¿Eras o sos?
El espacio tomó un tinte agrio. Todo en tu cuarto estaba triste y abandonado, tanto como la imagen que te devolvía el espejo. ¿Hace cuanto estás encerrado? Miraste con ojos fríos al monstruo bajo la cama, lamentablemente él te conoce mejor de lo que imaginabas.
Gritaste fuerte y al callarte, no viste nada, solo la realidad que tanto te abrumaba y que hoy te arrastró bajo la cama. Quizás algún día salgas, cuando dejes de creer en monstruos. Ellos no son más que puras palabras.
Montilú.
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