Que asome al fin el culpable,
porque no fue la distancia,
sino un nido de ilusiones
el que la hizo tambalear.
Quiero creer que no fueron tuyas,
tampoco mías,
quizás de alguien más
que te logró atrapar,
pero fui yo quien intentó trepar
cuando nuestras raíces
dejaron de ayudar.
Otras fueron más duras
y sembraron tanta altura
a la que ya no puedo llegar.
Será mi corazón cansado,
mi angustia en el pajar,
el orgullo hecho de viento,
las pocas ganas de esperar,
de trepar
y de rogarle a las hojas
que, con total desinterés,
me dejan caer una y otra vez.
Las flores se volaron
cuando perdieron los valores
que tan fuertes las hacían.
Tal vez los encontraron lejos,
en otra parte,
porque a vos ya se te olvidaron.
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