debo abandonar este barco
donde ya nadie rema
donde has dibujado remos con tus dedos fuertes de alfarero y tus mentiras que saben a música
así como he saltado de tantas otras barcas
ya sé—me lo dice el viento—debo irme de la tuya también
mas nunca en movimiento
el peligro puede ser feroz
debo esperar a que el agua calme
pero ya empezar a acomodar mis cosas
a liberar peso
a intentar no escucharte gritar mi nombre y venir corriendo a buscarme apenas se cierran mis ojos
a claudicar esta fantasía infantil e inmune a toda realidad donde me vendo y me compro que tenés ganas de mi
de devorarme como lo has hecho, de amar mi cuerpo a la luz de la vela, de besarlo hasta que cae rendido, de recorrerlo con la punta de tus dedos y tus colmillos hambrientos
nunca me gustaste y tal vez ahora que no puedo dejar de mirarte eso sea lo que más enojo me provoque
haber pasado —y perdido— tanto tiempo sin subirme a tu barco que estuvo casi anclado a mi muelle por meses
y ahora no poder bajarme
estar sola
y no poder bajarme
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