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De vuelta a casa

Aug 6, 2026

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De vuelta a casa
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Entonces me aparecí en su casa, con el cuerpo frío, el corazón en la boca, mientras mis dedos jugueteaban nerviosos con el borde del buzo color carmesí. No pude evitar arrancarme unos pellejos del labio en el camino; mi estómago indicaba que tenía motivos para estar así.

Toqué su puerta, esperando que no enloqueciera, y, luego de un rato, por fin abrió.

Su mirada, estática, un poco confusa, me recorrió para luego comprender la información que encontraba allí mismo, frente a él.

Susurré un débil «hola» y él enseguida cuestionó cómo es que había llegado, pregunta lógica porque: ¿qué mierda hacía yo ahí? Siendo esclava, nuevamente, de mis impulsos, saliendo de la ciudad, viajando cincuenta kilómetros solo para decirle «hola». Como si esperara que me recibiera con los brazos abiertos, me besara y me dijera «gracias por venir, te esperaba» o «menos mal que estás acá». Pero, en cambio, su lenguaje corporal demostró todo lo contrario. No me quería ahí, o al menos no sabía cómo reaccionar ante tan inesperada visita.

Dos segundos después de hacerme pasar, casi por imposición, cerró la puerta detrás de mí, y es ahí donde me comencé a arrepentir.

No sabía cómo responder a sus cuestionamientos y él, encendido, repetía constantemente que era tarde y no podría alcanzarme de vuelta, que cómo se me iba a ocurrir aparecerme así.

Entonces yo respondí: «Y no me alcances, dejame estar acá», el comentario más descarado que alguien podría hacer luego de estar dos semanas peleados y sin hablarnos. Sin siquiera respirar frente a nuestro chat de WhatsApp.

Pero es que ya nada importaba. Volver a él era volver a casa. Era volver al calor que tanto me arropaba, como nunca nadie ni nada pudo hacerlo. Se sentía mágico, algo especial. Al menos en mi cabeza.

No importaban los kilómetros recorridos, ni el clima o el temporal amenazante; mucho menos si, en ese mismo segundo, me expulsaba de su casa. Todo habría valido la pena.

Ni siquiera su trato más ingrato haría que abandonara el amor que mi corazón almacenaba por él.

Ojalá hubiera sido así, ojalá me hubiera animado a ir. A seguirlo, a buscarlo, a arriesgarme, a apostar todas mis fichas.

Ahora solo queda como un escenario imaginario dentro de mis sueños, de lo que podría haber sido. Y con anhelo me retuerzo entre las sábanas de mi cama avejentada, sintiendo un mínimo rayo de sol en el atardecer, esperando que este doloroso vacío ceda de una vez.

¿Será que tal vez él venga a buscarme un día? ¿Que él se atreva? ¿Que no abandone la partida?

Mar ₊✩‧₊˚౨ৎ˚

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