A esa amiga de mi juventud
que escribía sobre los arboles
que encontraba en ellos
un reflejo
y en las calles del pueblo
buscabamos el nuestro
o alguno que nos nombre
Decirle que ya no soy
como el de tronco fino
y ramas enrredadas
de la avenida Lavardén
Que viví en una casita
con un gran patio
dónde un sauce llorón
me esperaba
al cruzar el ventanal
Que a mí también
me crecieron hojas
muy largas y a montones
como si anhelaran regresar
al punto de partida
—no me di cuenta antes—
Que entre sus raíces morí
o que frente a él volví
más auténtica
a la vida.
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