yo siempre he medido el cariño,
creo que por costumbre
o por miedo.
venía de un tiempo extraño,
donde amar se sentía lejos,
como algo que ya no me pertenecía del todo.
mi jardín estaba quieto,
no muerto,
solo esperando algo
que no sabía nombrar.
la soledad se sentaba conmigo por las tardes.
no hablábamos mucho,
pero ahí estaba.
siempre.
y entonces llegó el amor.
no de golpe,
más bien despacio,
como si no quisiera asustarme.
se sentó a mi lado
sin pedir nada,
y eso ya era mucho.
había calor en su forma de quedarse,
un abrazo torpe
pero sincero.
y el frío empezó a irse,
sin hacer ruido.
pensé que duraría poco,
como casi todo.
pero los días pasaron
y el amor seguía ahí.
suave.
no prometió primavera,
y aun así algo en mí
empezó a florecer.
no fue perfecto.
fue real.
y por primera vez en mucho tiempo,
eso bastó.
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