De las canchas bahienses a buscar un segundo título mundialista. (anulo mufa)
Jul 17, 2026
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De las canchas bahienses a buscar un segundo título mundialista.
(anulo mufa).
Lautaro Martínez, nuestro “Toro”, un hombre que hace días se emocionó (y nos hizo emocionar) hasta las lágrimas.
Quien quiera contar su historia no podrá: los sentimientos de un camino con dudas solo pueden ser relatados por el corazón que, conflictuado, se abrió paso a través de la historia. Pero, para intentarlo, quizá hay que empezar por el comienzo acá, en Bahía. Lautaro empezó a perseguir su sueño con la camiseta de Liniers. Y un poco ese inicio se lo demandaba la sangre: su papá, Mario, fue lateral izquierdo en el fútbol de Villa Mitre durante cinco temporadas, disputó 13 campañas en el Torneo Argentino con Rosario Puerto Belgrano (Punta Alta), Racing de Olavarría y el propio Liniers. Sus genes lo sabían, el fútbol lo llamaba desde la cuna, o desde antes de nacer: hasta su abuela había sido una de las pioneras del fútbol femenino en el país.
Desde muy chico entendió que el talento no alcanzaba y lo acompañó con la disciplina y la valentía necesarias para afrontar el recorrido que le esperaba. A los 15 ya debutaba en Primera de la Liga del Sur, convirtiendo un gol a los pocos minutos de haber ingresado a la cancha.
Ese rendimiento hizo que su nombre empezara a sonar más allá de la ciudad, de las canchas bahienses que hoy siguen albergando torneos y talentos, sueños y aspiraciones.
Aunque Lautaro no tan pronto vio los frutos de su esfuerzo. Se probó en dos de los grandes de Buenos Aires: primero fue Boca, donde lo bajaron con una evaluación que hoy, con el diario del lunes (o del miércoles), suena casi a chiste: “Me rechazaron diciendo que no tenía ni velocidad ni potencia”. Poco después probó en San Lorenzo, y tampoco quedó seleccionado.
El propio Lautaro contó, años más tarde, que aquellos rechazos lo golpearon tanto que al volver le dijo a su papá que quería dejar el fútbol y ponerse a trabajar. ¿Qué nos queda sino agradecer que esa pifiada del destino no se haya cumplido?
A finales de ese mismo año, Racing se avivó del jugador que otros clubes dejaron ir y se acercó a ofrecerle una nueva prueba. Esta vez Lautaro puso una condición: si lo querían, iba, pero sin pruebas. Y sí, lo ficharon. Ahí se abrió paso hasta llegar a Primera División y terminó marcando 27 goles en 63 partidos antes de dar el salto al fútbol europeo. A mediados de 2018 cruzó el charco para incorporarse al Inter de Milán. Con los años se convirtió en capitán y goleador del club, logrando obtener el cariño de aquellos hinchas con los que ya no compartía un origen, sino un presente y que veían ese futuro que comenzaba a escribirse con letras doradas. Y no era para menos, llegó a más de un centenar de goles oficiales con la camiseta azul y negra.
Pero detrás de cada título siempre se mostró como el mismo joven bahiense que alguna vez soñó con vestir la camiseta argentina. El 12 de marzo de 2018, el entonces director técnico Jorge Sampaoli, lo citó para los amistosos contra Italia y España. En otro amague del destino, el DT decidió dejarlo fuera de la lista definitiva de 23 convocados del Mundial de Rusia 2018, a pesar de haberlo incluido en la prelista de 35 jugadores.
Pero la revancha no tardaría en llegar, y las dudas que tuvo en aquel momento cuando Boca y San Lorenzo le dieron la espalda se esfumaron por completo. El destino le respondió y, como a Lionel Messi, le dio lo que le debía: fue campeón del mundo en Qatar 2022 y bicampeón de la Copa América, además de haberse quedado con la Finalísima 2022 ante Italia. Acumuló títulos que no eran más que la cosecha de lo que sembró.
Y, recordándonos quién es y qué hace ahí en Estados Unidos, el miércoles 15 de julio de 2026 volvió a escribir su nombre en la historia. En la semifinal del Mundial 2026 ante Inglaterra, en Atlanta, entró desde el banco y en el tiempo agregado definió de cabeza, tras un centro de Messi, el 2-1 que le dio a la Argentina el pasaje a la final. Y si, nuevamente, un destino dado por el peso de sus ambiciones: “Desde la primera vez que mi viejo me compró un par de botines siempre soñé con hacer este gol”.
Y entonces lloró. Porque aquel gol no representaba solamente un resultado, sino que contenía los sacrificios, las críticas, las caídas y todos los sueños: suyos, de los bahienses y de los argentinos.
No hay dudas de que el "Toro" supo trabajar en silencio y volver a intentarlo, enseñándonos a todos que lo que tiene que llegar, llega. Fue campeón de América, campeón del mundo y protagonista de noches que quedaron guardadas para siempre en la historia del fútbol argentino y del mundo. Aquel gol en Atlanta fue el mismo relato de siempre resumido en un cabezazo: el pibe al que un club grande le dijo que no tenía ni velocidad ni potencia, saltó más alto que toda la defensa inglesa para meter a la Argentina en otra final.
¿Está mal ser un poco codiciosos?
¿Está mal pedirle al destino, que es tan caprichoso y por momentos cruel…
una más?
Lautaro es talento y corazón, garra y fuerza, la prueba de que no importa cuántas veces el camino se ponga difícil: lo importante es cuántas veces uno es capaz de levantarse.
Lautaro Martínez, desde Bahía Blanca al mundo.
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