Dice Olga Orozco en el poema a Alejandra Pizarnik: "Pavana del hoy para una infanta difunta que amo y lloro":
“Pequeña centinela,
Caes una vez más por la ranura de la noche
Sin más armas que los ojos abiertos y el terror
Contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
(...)
El que cierra los ojos se convierte en morada del universo
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intermperie.”
La tradición cristiana dice que los demonios, son espíritus que se 'posan' en nosotros y nos dan malos sentimientos: envidia, tristeza, rencor, depresión, entre otros muchos más. Yo prefiero pensar, que los espíritus siempre son buenos, porque, como dice el libro sagrado de los cristianos, la Santa Biblia, son de Dios, son el ‘soplo de Dios’, esa es la traducción de espíritu: soplo de Dios, es lo que nos da vida; luego, nos traen buenos sentimientos: alegría, felicidad, solidaridad, amor, peronismo... Entonces, son demonios, entidades de maldad, los que nos traen sentimientos y actitudes de tristeza, pereza, irresponsabilidad, angustia y tal.
Uno de ellos vivía en mí. Pero no era uno, sino tres, no lo supe hasta que los enfrenté: “…ellos eran legión, legión encarnizada…”, así fue como luché contra ellos en lo que los humanos de este plano del espacio-tiempo, entendemos como “sueño”. Mi prima me dice que no fue un sueño, que luché contra ellos en la realidad, en algún plano del universo, en las estrellas; para ella es el cielo. Me gusta creer que es así.
Entonces, ellos eran tres, tres niños, dos estaban alejados, pienso, que ya estaban retirada, pero uno no; se quedaba, me tenía tomado de la muñeca, presionando fuertemente entre su brazo y su torso como pinza. Con su otra mano, me sujetaba por el antebrazo izquierdo, quedando así su rostro justo frente a mí, muy cerca. No me podía soltar; no tenía cómo hacerlo. Me miraba fijo, serio y decidido a quedarse, pero yo estaba resuelto a expulsarlo. Así que usé una de mis mejores armas: la cabeza (mis amigos me dicen Cabe, por cabezón). Comencé dándole cabezazos, mientras él me desafiaba con la mirada, con cada embate, más serio, más fijo aun, me miraba. Los otros dos, contemplaban la escena más alejados.
No sé cuánto duró esta lucha, el tiempo es relativo al observador y la gravedad curva el espacio-tiempo distorsionándolo, lo que allí ocurría tenía mucha 'gravedad'. Así continuó la lucha sin tiempo. Lentamente me iba imponiendo, hasta que vencí y me solté. ¡Me había liberado de esas entidades, de esos demonios! Luego los identifiqué con sentimientos y actitudes de irresponsabilidad, angustia e inmadurez.
Inmediatamente sentí alivio, alivio y calma. Ya no estaban. Se habían ido.
Dice la canción de Txarango en lengua catalana: “els cops que has vençut la angoixa i has viscut…” y agrego, tomándome una pequeña licencia poética-literaria, si me permiten:
“Alço el vol, marxo lluny
I què importa si ningú ho entén!
Que les mateixes pors que ens ceguen
Són finestres plenes de llum.” (Oques Grasses)
Así que, allá voy, como dice Nora, "al infinito y más allá".
Y sigue...
“I és igual, estem de guais
Que sembla un somni però està passant
L'angoixa marxa i mira de lluny
Però no m'espanta si estic amb 'vosaltres'...”
(Oques Grasses).
... Y ahora, queda lugar para muchos espíritus buena leche.
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