De cuando hice un seminario en verano y emulé un fragmento de Boquitas pintadas inspirada en una pintura del MNBA
May 11, 2025

Ese Domingo, a las 19:35, Raba no iría al baile como de costumbre. Pensó si Pancho se enojaría. Si le preguntaban, diría que estaba arrepentida, que nunca más.
El Viernes a la salida del cine un hombre la observaba. Dijo que quería pintarla. Raba no le creyó. ¿Pintarla a ella? Y de todas formas, semejante indecencia. Pero el hombre la siguió y al fin accedió para que la dejara en paz. Y ahí estaba, al siguiente Domingo, en una habitación tan vacía que no terminaba de convencerla. Cómo es que había una pieza sin nada, toda dedicada a qué, ¿a posar?.
Ya eran las 20 horas y el hombre seguía. Raba recordaba que le dijo que Emilio era su nombre. Un muchacho muy serio, se lo notaba instruido. Sabía francés. ¿Por qué la había querido pintar a ella? En fin que ahí seguía. Ya le dolían las piernas. Se preguntaba si siempre había que estar parada para estas cosas. Ella nomás quería ser vista un rato, que la vieran como a su actriz favorita en esa película que vio un par de viernes atrás. Había esperado sentirse bonita, jugar a ser otra. Tal vez incluso ponerse un vestido hermoso que le marcara el busto pero sin ser vulgar, como los que le daba Nené pero nuevos, suyos. Pero este tipo le había pedido que se desnude, el muy sinvergüenza. Casi que se va en ese momento pero le mostró otros retratos de otras venus como él les llamó. En fin que accedió para sentirse como esas mujeres que ganan, que enamoran al hombre bueno. Pero ahí estaba, desnuda y aburrida. Más que aburrida, cansada. Se cansa más una parada haciendo nada que cumpliendo con las tareas, pensaba, haciendo la compra, limpiando la casa. Le había quedado pendiente doblar las sábanas de la señora. Se acordaba mientras esperaba y sentía con el talón la sábana que le hacía de paisaje. Era áspera y gruesa, seguro tardaría todo el día en secar. El hombre dijo que no quería ninguna distracción, sólo pintarla a ella. Quizás quería pintarla con sus cosas de trabajo, como le adivinó que era sirvienta, le puso una sábana nomás. Qué maleducado, por qué no le dijo, como si ella se fuera a ofender. Y qué le importa a ella si la pinta lavando. Mejor. Así de quieta es imposible estar. Ojalá por lo menos la pintara lavándole esos bordes llenos de salpicones a la sábana esta. ¡Qué aburrido esto de las musas! Tendría que haber ido a las romerías. Bailando por lo menos no se le acalambran las piernas.
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