Meciendo cada día palabras
escritas en una servilleta.
Las lágrimas que me seco
quedan marcadas,
como tu silueta.
Cada amanecer me sorprende:
el sol levanta en mí
una mirada necia,
atada a tu dulce nombre,
ese que se lee en tu rostro.
La luz recorre tu andar
y yo me asombro,
como si cada rayo
fuera un permiso para seguir.
Cada tacto que imagino al caminar
me devuelve al mundo.
No llores, mi amado.
Mi nombre aún vive,
recordado en cada instante,
como flores viejas
en un florero anticuado
que se niega a vaciarse.
Duermo, me pudro lentamente
bajo el peso del tiempo,
y en cada paso se refleja
esta angustia mía
por no saber ser feliz.
¿Qué estrella me anima?
¿Qué estrella me atrapa
y me encuentra cada mañana
cuando salgo perdido?
Oh, dulce y firme estrella
que habitas en lo alto de la mirada,
dame una razón,
aunque sea mínima,
para volver a caminar
al despertar.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión