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Dahlia

Fer

Mar 9, 2026

120
Dahlia
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Dahlia

se sienta al lado de la puerta durante horas.

No se mueve.

Se queda ahí

como si la puerta fuera una herida

y ella estuviera vigilando que no se cierre del todo.

A veces levanta la cabeza

cuando escucha pasos en el pasillo,

cuando alguien sube por las escaleras,

cuando una llave gira en la puerta de otro apartamento.

Entonces

sus ojos se encienden por un segundo.

Pero nunca sos vos.

No maúlla.

No hace ruido.

Me mira

Con esa paciencia silenciosa

que tienen los animales

cuando presienten que algo falta.

Y parece preguntarme

por qué no volvés.

Yo no le contesto.

Porque no sé cómo explicarle

que hay abandonos

que no tienen explicación.

Ella no entiende de despedidas.

No entiende de personas que dicen

“te amo”

y aun así

se van.

Solo sabe

que antes esta casa tenía dos respiraciones

Dos cuerpos caminando por el pasillo.

Dos manos que la acariciaban

Ahora solo queda una.

A veces recorre la casa lentamente.

Se sube a la cama

y se queda oliendo tu lado de la almohada

como si tu olor

todavía estuviera enterrado ahí

debajo del polvo del tiempo.

A veces rasca la puerta del baño

A veces corre hacia la cocina

Pensando que eres tú

El que está cocinando

y con esa voz suave que usabas para hablarle.

Pero la casa ya no responde.

La casa ahora es un lugar hueco.

Y ella vuelve siempre al mismo sitio.

La puerta.

Se sienta frente a la puerta

como si guardara una esperanza

que yo ya no tengo.

Yo la observo desde el sofá.

Intento no romperme frente a ella.

Porque lo que mi gata no sabe

es que yo también espero.

Que cada paso en el pasillo

me atraviesa el pecho.

Que cada ruido de llaves

me hace levantar la cabeza.

Que cada vez que alguien pasa

mi corazón se levanta

igual que sus orejas.

Y después…

nada.

Solo silencio.

La puerta cerrada.

Tu ausencia respirando en cada rincón de la casa.

Mi gata sigue esperando.

A veces se queda dormida ahí mismo

pegada a la puerta

como si estuviera cuidando tu regreso.

Como si supiera

que cuando llegues

tiene que ser la primera en verte.

Y yo…

yo la envidio un poco.

Porque ella todavía cree

que vas a volver.

Yo en cambio

ya entendí algo horrible.

Entendí

que hay personas que se van

y dejan la casa llena de fantasmas.

Que hay puertas

que nadie vuelve a abrir.

Que hay amores

que se pudren en silencio

mientras uno sigue respirando.

Pero aun así

no la muevo de ahí.

No la aparto de la puerta.

Porque en el fondo

muy en el fondo

hay una parte miserable de mí

que todavía necesita verla esperar.

Como si su fe

fuera lo último

que queda vivo

de nosotros.

Y mientras ella espera

yo hago lo único que me queda.

Fingir

que no estoy esperando también.

Fer

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