Habito un cuerpo teñido de cicatrices
que se regodean insípidas
ante el recuerdo
una huella explícita de ausencias prolongadas en el tiempo
paseándose por mi columna
como un hielo
que llega a congelar mis movimientos.
Habito este cuerpo gobernado por deshilachadas costuras
queriendo engrapar
lo verdadero con lo continuo
sosteniendo sus engranajes con curitas
apretando para intentar dejar de sangrar.
Cuantos anhelos olvida mi cuerpo
sometido al acostumbramiento
carente de sentido
apoderándose de todas las obligaciones conceptuales impuestas por lo ajeno
entrelazadas a lo que mi propia
psique sanciona.
Cuantos miedos manifiesta mi cuerpo
aprovechando el reflejo para evocar
partes rotas y deconstruidas
extranjeras ante un territorio corrosivo largando su humo en cada respirar;
es como salir a la superficie
cuando burbujeas en el agua
y en una bocanada
ponderas los pulmones
desprendiendo alivio
la descarga de exhalar.
Cuanta soledad porta mi cuerpo
golpeado
inundado de cuestionamientos
que lloran los ojos
como una ráfaga de viento con arena.
Habito mi cuerpo sola
con mi ansiedad
convertida en un monstruo
atacando mi inconsciente con cuchillos
encadenando los pensamientos que perturban todas las
propiedades de lo sano.
La angustia es traicionera
no demora
no avisa y el cuerpo
en un pestañeo
trastoca la coherencia
la demanda de la insuficiencia.
Quizás lo real no es estar viva
en mi mente delira
un fotograma de lo sentido
y en ese instante despierto
los restos del tiempo
son sólo segundos eternos vacíos.
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