cuatro a seis de la tarde. puerta primera.
Jan 19, 2026

te fuiste sin irte y yo hubiese tenido más deseo de saber menos de tí,
de ocurrirteme menos,
de que se hablara incluso de tí que te largaste muy lejos y no saber,
nunca saber,
que te quedaste tan cerca como la memoria distante de una cara roja pintada por el rastrillo que utilicé como pincel en mi infancia.
hay un álbum de fotos móviles que guardo debajo de las tablas del clóset intentando salir cuando se derrumba la fuerza de mi ropa colorida,
hay a veces un fuego inmenso que respira por un momento y vuelve a enroscarse ahí adentro,
tengo fotos que me saben a poco porque más que mis ojos es la cámara de una presencia, de una piel intocable que vive en un calor inhabitable
y yo vivo sin tí contigo, recordándote en el fósil de una sonrisa empañada por la oscuridad de un carro; cuando miro al piso blanco se mueven las luces de la calle regocijando tu cara hecha un ámbar, y a veces pienso que nuestra simpatía incómoda se practica en el respiro que doy al cerrar atrás la puerta, viendo al sol, escribiendo con el óleo de mis palabras tu rostro todos los días más prominente por el tapizado naranjarosa de la edad, y si se me pidiera, si tuviese yo la ternura de intentar dibujarte podría con los dedos estirar los colores de la piel tuya con la animosidad con la que mojarían mis lágrimas la acuarela.
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