el imposible retorno de aquel beso anhelado
por días, semanas, meses, años
en ensoñaciones a las cinco de la mañana
en el pensamiento intruso que irrumpe, a veces, durante noches de amor no tan correspondidas
en recuerdos fugaces teñidos de exageraciones
de silencios compartidos, en donde los ojos eran nuestros mayores aliados
amores que solo tienen lugar en el futuro
que no existen sin ese deseo de algo que no se puede tener
de un fruto que no se puede probar
de alguien que no sabemos bien si existe o si lo creamos
ahora bien
cuando el beso termina siendo
aun mejor que en nuestras idealizaciones
ahí es donde perdemos la cabeza
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